domingo, 8 de marzo de 2009

GENERACIÓN ZAPPING


Hablemos claro: la enseñanza en la actualidad es un desastre. Los conservadores solicitan a voces que vuelva la cultura del esfuerzo. Los progresistas se mantienen aferrados a la idea jamás demostrada de que las carencias y los fallos de la educación tienen raíces estructurales y que el fracaso escolar evidente que existe en nuestro actual sistema educativo, el pasotismo de los alumnos, la violencia escolar, la discriminación, son consecuencias directas de las diferencias sociales y económicas o de la falta de recurso que se invierten en educación. Entre dimes y diretes la casa por barrer. En España cada vez que se habla de esfuerzo se correlaciona directamente con austeridad, autoridad, disciplina, constancia, la letra con sangre entra y todo sustantivo relacionada con la denostada enseñanza franquista. Asociar el esfuerzo con un sistema dictatorial ha convertido la educación en un sistema blandito y condescendiente que ha llevado a invertir y confundir los términos para acabar identificando el estudio con el juego. Como dice Victoria Camps en su libro “Creer en la educación”: “Convirtamos todo en un juego y finjamos que estudiar y aprender es tan divertido y entretenido como estar jugando”. Se han buscado todos los estímulos pertinentes para que el aprendizaje sea atractivo y no sea visto como una tarea dura y aburrida. El resultado a la vista de todos es que cada vez tenemos más jóvenes que no leen, que no adquieren el gusto por el estudio, que solo buscan resultados inmediatos y a los que les cuesta pensar en el futuro porque sólo atienden al disfrute del presente. Rousseau se ha impuesto al liberal Locke el cual pensaba que la mente, al nacer, es un tabula rasa y que un niño ignorante e indisciplinado es un fracaso de los adultos que han renunciado a educarlo. Y para más inri el entorno tampoco ayuda mucho en estos momentos. Las distracciones que ofrecen la sociedad son excesivas. Ya no es solo que se tenga un amplio menú donde elegir, es que cada vez la satisfacción de los deseos es más corta y menos gratificante. La televisión, los videojuegos, los móviles, toda la publicidad destinada a seducir para comprar, todo va en contra de la tan ansiada cultura del esfuerzo. Una reciente encuesta realizada a la juventud destacaba que el objetivo por encima de todo de nuestros adolescentes es “vivir bien” lo que identificaban con tener amigos, ser alguien en la vida pero no muy relacionado con la fama y el dinero. No obstante los modelos que le ofrece la sociedad pregonan un bienestar asociado al dinero y a la satisfacción inmediata del capricho. Nos estamos cargando la adolescencia. La juventud que no lee no aprecia el silencio ni la contemplación, no maneja escalas de críticas que le permita abstraerse de la realidad para forjar su propia mochila en el camino hacia la libertad, no es capaz de sujetar su impulsividad espontánea. Nuestra juventud vive la cultura de la imagen. Y la imagen provoca emociones y difícilmente ayuda a pensar y razonar. La función de la televisión es mostrar imágenes, renunciar a la abstracción, convertirlo todo en concreto en cuatro anécdotas singulares y graciosillas. Su accesibilidad es universal. Lo estamos viendo a diario que con la televisión se pierde todos los secretos, es decir, aquello que cada persona ha de hallar por sí misma. Ni que decir tiene que con la televisión todo queda al descubierto, sin filtro de ningún tipo. De esta manera se produce el declive de la vergüenza, la disolución del verdadero conocimiento y la curiosidad que tanto embarga la infancia y la adolescencia. La actual televisión ha disipado la infancia, la adolescencia y la madurez, y nos ha hecho a todos iguales. Y entre iguales es imposible la autoridad y el respeto esencial básico para que prograde el esfuerzo. Le cuento lo que me ocurrió el otro día. Corregía yo a un alumno, cuando éste me contestó que el equivocado no era él sino yo. El chico, algo gallito, se obstinaba en perseverar en su error y razonar mi corrección. Le espeté qué donde había escuchado semejante error. Me contestó que en la televisión. Apaga y vámonos. La televisión es Dios. En vez de ser un medio de comunicación se ha convertido en un medio de confusión que aliena a las masas. Vivimos un mundo hiperespecializado, donde creemos que para cada problema tiene que haber un experto que resuelva cada dificultad. Mientras que toda la sociedad mira para otro lado, nuestros políticos lo arreglan todo con la incorporación de nuevas asignaturas de dudosa moral. ¿Quién tiene la culpa? ¿Los políticos? ¿Los maestros y profesores? ¿Las familias? Nadie quiere coger el toro por los cuernos, mientras tanto esta generación de jóvenes como tienen mucho donde escoger, cada vez más los deseos le resultan menos graficantes y prueba de todo sin saber lo que verdaderamente desea. Generación zapping. Mutación más que evidente de la teoría evolutiva de Darwin que transformará al Homo sapiens ibericus en Homo zapping ibericus.

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