lunes, 9 de marzo de 2009

LA CRISIS QUE NADIE QUIERE VER
Por Jacobo Carmelo Martín Rojas

El sustrato de mis artículos son las imágenes más que los pensamientos. En un mundo descreído que sólo cree en lo que ve, una imagen dice más que mil palabras de cualquier predicador de cuatro al cuarto. De nuevo he visto aparecer largas colas en Cáritas. Este sí que es un buen índice económico para ver lo que ocurre en nuestro país y no el del IBEX 35, jodido por los bancos y nuestra propia ambición. Muchos de esos pedigüeños son inmigrantes para los que España ha sido una apartheid y, lo peor de todo es que ha dejado de serlo. Un inmigrante ucraniano me decía el otro día que cuando el llegó a nuestro país con 60 € llenaba el carro de la compra para todo el mes, ahora con la misma cantidad no alcanza ni para llenarlo de agua mineral. España ha dejado de ser tierra de promisión y solución para el victimismo latino que siempre nos culpó del exceso radical de nuestro afán colonizador. Escribió Sartre que no hace mucho tiempo la tierra tenía 2000 mil millones de habitantes. Es decir, 500 millones de hombres y 1500 de indígenas, sin papeles, analfabetos, incivilizados, parias que carecen de todo derecho al verbo. Ahora no hay que ir a la India para verlos, va uno a las oficinas de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno y allí los ve guardando colas, pidiendo y reclamando soluciones. Y es que mientras hemos tenido unos cuantos euros en el bolsillo todo ha ido bien, pero cuando se ha acabado la fiebre del oro nos encontramos con más de cuatro millones de inmigrantes pidiendo pan. Así ha sido siempre. En los tiempos de Franco exportábamos las manos de obras que sobraban a otros países y éstos se marchaban sin rechistar a hacer las Américas. Ahora nos sobran cuatro millones. Entonces llega la depresión y la gente se da a la bebida, al robo, a las mafias, al tráfico de drogas… Los hambrientos no tienen salida. Mientras tanto en Moncloa los ministriles parlanchines discuten, debaten y vuelven a discutir sin encontrar solución alguna. Menos mal que las drogas han bajado de precio me decía el otro día un conocido mío. Se puede encontrar una pastilla de éxtasis por menos de un euro y, la coca también está de oferta en los supermercados de la clandestinidad. Tiempos de crisis, tiempo de buscar los refugios del alcohol y las drogas porque las pena hay que anestesiarlas. Y los sindicatos, ¿qué hacen? Esto tiene guasa. Nos hartamos de criticar a la Iglesia Católica y a unas de sus ONG más importante como és Cáritas que está dando la cara constantemente por la sociedad de una manera racional y asombrosa, mientras que los sindicatos, hartos de chupar de las mamas del Estado, ni hablan, ni se pronuncian, ni plantean soluciones, ni nos sacan a la calle a chillar para que se entere el Gobierno. A callar que es lo suyo porque o si no el tío de la ceja les retira toda subvención bajo cuerda. ¡Qué vergüenza! Si no fuera por los comedores en las grandes ciudades promocionados por los Obispados y por la acción de Cáritas en las Iglesias locales, yo no se iban a ser de estos desvalidos inmigrantes a los que se les ha abierto más que las puertas de la España blanca las del España negra. Pero esto es pan para hoy y hambre para mañana. Mientras tanto en la España Zapateril, el pueblo, mirando para otro lado, se atrinchera en la TV que ha visto aumentado los share en los programas de “telebasuras”, deportes y series. Pero el hedor de las cloacas políticas no llega hasta los platós. Llegan los hedores de los Janeiros, de los Jurados y yo no sé quien más, pero se ocultan las comisiones parlamentarias. Y para colmo la prostitución también muestra su oferta durante la recesión. Según publica EL MUNDO, las prostitutas españolas rompen el mercado del sexo. Las extranjeras no tienen nada que hacer frente a la reaparición de las españolas, que están condenando al mar a todas las mulatas caribeñas, caboverdianas, senegalesas. Los clientes le ofrecen a una chica de color cinco euros por servicio. Dice Luigi Benedicto Borges que las prostitutas han tenido que abaratar su precio hasta en un 40 %. La pobreza, la recesión, el éxodo son los verdaderos chulos de esta crisis que empieza a esparcirse por toda la sociedad. Nos hemos dedicado tanto al culto del Becerro de Oro que cuando este ha caído no tenemos otro Dios para rezarle y encomendarle nuestro futuro. Esperamos que San Pablo llegue al ágora español y nos prometa las dádivas de su Dios desconocido, que sin estruendo de nuevo vuelve a hacer el milagro de su amor apoyado en los comedores diocesanos de las grandes urbes y su brazo siempre tendido de Cáritas. Como siempre en la historia, la Iglesia recoge los despojos de la usura de los banqueros. Pero al menos antes, en el Renacimiento, construían Iglesias para donde alojar sus tumbas para enterrarse y siempre estaban a la vera de Dios. Hoy no le prestan ni a la Corona, ni a la Iglesia, ni a las empresas, ni a los ciudadanos. Se gastan la mayor parte de los ahorros de los ciudadanos en jugar a la ruleta de la bolsa y con sus ganancias construyen los elevados muros de sus castillos porque temen que algún día lleguen los piqueteros y los muertos de hambre a colgarles. Esta crisis es un espejo en el que cada uno refleja su propia imagen, esa que nunca deseamos ver.

domingo, 8 de marzo de 2009

GENERACIÓN ZAPPING


Hablemos claro: la enseñanza en la actualidad es un desastre. Los conservadores solicitan a voces que vuelva la cultura del esfuerzo. Los progresistas se mantienen aferrados a la idea jamás demostrada de que las carencias y los fallos de la educación tienen raíces estructurales y que el fracaso escolar evidente que existe en nuestro actual sistema educativo, el pasotismo de los alumnos, la violencia escolar, la discriminación, son consecuencias directas de las diferencias sociales y económicas o de la falta de recurso que se invierten en educación. Entre dimes y diretes la casa por barrer. En España cada vez que se habla de esfuerzo se correlaciona directamente con austeridad, autoridad, disciplina, constancia, la letra con sangre entra y todo sustantivo relacionada con la denostada enseñanza franquista. Asociar el esfuerzo con un sistema dictatorial ha convertido la educación en un sistema blandito y condescendiente que ha llevado a invertir y confundir los términos para acabar identificando el estudio con el juego. Como dice Victoria Camps en su libro “Creer en la educación”: “Convirtamos todo en un juego y finjamos que estudiar y aprender es tan divertido y entretenido como estar jugando”. Se han buscado todos los estímulos pertinentes para que el aprendizaje sea atractivo y no sea visto como una tarea dura y aburrida. El resultado a la vista de todos es que cada vez tenemos más jóvenes que no leen, que no adquieren el gusto por el estudio, que solo buscan resultados inmediatos y a los que les cuesta pensar en el futuro porque sólo atienden al disfrute del presente. Rousseau se ha impuesto al liberal Locke el cual pensaba que la mente, al nacer, es un tabula rasa y que un niño ignorante e indisciplinado es un fracaso de los adultos que han renunciado a educarlo. Y para más inri el entorno tampoco ayuda mucho en estos momentos. Las distracciones que ofrecen la sociedad son excesivas. Ya no es solo que se tenga un amplio menú donde elegir, es que cada vez la satisfacción de los deseos es más corta y menos gratificante. La televisión, los videojuegos, los móviles, toda la publicidad destinada a seducir para comprar, todo va en contra de la tan ansiada cultura del esfuerzo. Una reciente encuesta realizada a la juventud destacaba que el objetivo por encima de todo de nuestros adolescentes es “vivir bien” lo que identificaban con tener amigos, ser alguien en la vida pero no muy relacionado con la fama y el dinero. No obstante los modelos que le ofrece la sociedad pregonan un bienestar asociado al dinero y a la satisfacción inmediata del capricho. Nos estamos cargando la adolescencia. La juventud que no lee no aprecia el silencio ni la contemplación, no maneja escalas de críticas que le permita abstraerse de la realidad para forjar su propia mochila en el camino hacia la libertad, no es capaz de sujetar su impulsividad espontánea. Nuestra juventud vive la cultura de la imagen. Y la imagen provoca emociones y difícilmente ayuda a pensar y razonar. La función de la televisión es mostrar imágenes, renunciar a la abstracción, convertirlo todo en concreto en cuatro anécdotas singulares y graciosillas. Su accesibilidad es universal. Lo estamos viendo a diario que con la televisión se pierde todos los secretos, es decir, aquello que cada persona ha de hallar por sí misma. Ni que decir tiene que con la televisión todo queda al descubierto, sin filtro de ningún tipo. De esta manera se produce el declive de la vergüenza, la disolución del verdadero conocimiento y la curiosidad que tanto embarga la infancia y la adolescencia. La actual televisión ha disipado la infancia, la adolescencia y la madurez, y nos ha hecho a todos iguales. Y entre iguales es imposible la autoridad y el respeto esencial básico para que prograde el esfuerzo. Le cuento lo que me ocurrió el otro día. Corregía yo a un alumno, cuando éste me contestó que el equivocado no era él sino yo. El chico, algo gallito, se obstinaba en perseverar en su error y razonar mi corrección. Le espeté qué donde había escuchado semejante error. Me contestó que en la televisión. Apaga y vámonos. La televisión es Dios. En vez de ser un medio de comunicación se ha convertido en un medio de confusión que aliena a las masas. Vivimos un mundo hiperespecializado, donde creemos que para cada problema tiene que haber un experto que resuelva cada dificultad. Mientras que toda la sociedad mira para otro lado, nuestros políticos lo arreglan todo con la incorporación de nuevas asignaturas de dudosa moral. ¿Quién tiene la culpa? ¿Los políticos? ¿Los maestros y profesores? ¿Las familias? Nadie quiere coger el toro por los cuernos, mientras tanto esta generación de jóvenes como tienen mucho donde escoger, cada vez más los deseos le resultan menos graficantes y prueba de todo sin saber lo que verdaderamente desea. Generación zapping. Mutación más que evidente de la teoría evolutiva de Darwin que transformará al Homo sapiens ibericus en Homo zapping ibericus.